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Fotografía / Rayoherald.com
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Wakaso Mubarak, cielo e infierno en un mismo lugar

Si nos piden que tracemos un perfil con las características principales que posee un futbolista africano, es muy probable que muchos coincidamos en el resultado final. Despliegue físico, potencia, trabajo e intensidad serían atributos personales semejantes en muchos casos. Existen muchos jugadores poseedores de estas facultades futbolísticas, y es que la figura del jugador procedente de este continente tiene cada vez una presencia mayor en Europa. Uno de estos jugadores es el mediocentro Wakaso Mubarak.

Figura precoz

Con apenas 20 años, el jugador del Elche se ha visto obligador a madurar rápidamente en un entorno futbolístico y personal muy distante al de su origen. Ya en su país natal, Ghana, Wakaso llamó rápidamente la atención de los entendidos de este deporte, sus aptitudes en el terreno de juego hacían presagiar que con un poco de fortuna, se convertiría en un magnífico futbolista.

Formado en el Ashanti Gold ghanés, un pequeño club fundado en la ciudad de Obuasi hace apenas 22 años, Wakaso fue pronto considerado una futura promesa en su país, y sus actuaciones no pasaron desapercibidas para los técnicos de la selección de las `Estrellas Negras´. Con 15 años recién cumplidos recibió la llamada del equipo nacional para formar parte del combinado Sub-17, llegando incluso a disputar el mundial del año 2005 en Perú, donde quedarían eliminados en la primera fase. Su evolución no cesó y también tuvo su protagonismo en la Sub-19 y la Sub-20, siendo de la partida en esta última en el equipo que jugó la fase previa del Mundial 2009 con sede en Egipto.

De Obuasi a Elche

Desconocido entonces para la mayoría de los equipos y aficionados españoles, el Elche puso los ojos en el joven centrocampista en el verano de 2008, sabiendo que su progresión en el campo podría tener un recorrido muy amplio. Su contratación se cerró por cinco temporadas y en la afición ilicitana surgió la sensación de que Wakaso era una apuesta arriesgada a la vez que esperanzadora, en la que tenían cabida todos los posibles resultados. Pero otorgando un enorme valor a las formidables virtudes futbolísticas del jugador, el Elche intentó arrinconar uno de los defectos que en muchas ocasiones obstaculiza el desarrollo final de un jugador, y es que el ghanés tenía la capacidad negativa de combinar grandes actuaciones en el campo con polémicas y disputas totalmente innecesarias.

Las primeras oportunidades de Wakaso en el Elche vinieron de la mano del ex técnico David Vidal, y el jugador no tardó en mostrar su cara más desagradable recibiendo en el tercer partido disputado la tarjeta roja por agredir a un jugador del Tenerife. Esta solo sería la primera de las tres expulsiones y cinco tarjetas amarillas que recibió en apenas 500 minutos de juego durante su primera temporada. Ya en su segundo año y tras la contratación en las primeras jornadas de José Bordalás, Wakaso contó con la confianza que no había gozado hasta entonces tanto con Vidal como con Claudio Barragán. El nuevo técnico afirmó en una entrevista que su intención era contar con el africano, pero que para ello, tal y como se lo había hecho saber, debería cambiar su actitud.

Mejoría notable

Desde entonces Wakaso ha ido progresando adecuadamente en su conducta. Atrás queda su escasa disciplina tanto futbolística como personal, o sus llegadas a deshora tras las visitas a su país. Se ha convertido en un jugador más completo, dueño del centro del campo ilicitano y demostrando que sabe combinar aspectos tan importantes como esfuerzo o actitud defensiva con dosis de calidad, a pesar de haber marcado un único gol (esta temporada frente a la Ponferradina) en los tres años que lleva en España, y ha llegado incluso a sonar para varios equipos de Primera División.

Este fin de semana se enfrenta al Rayo Vallecano y los franjirrojos deberán hacerlo muy bien para ganar la batalla futbolística a una medular que cuenta en sus filas con Wakaso, un futbolista capaz de lo mejor y lo peor.

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